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En 1960, y con motivo del sesquicentenario de la Revolución de Mayo, la Comisión Nacional de Recuperación del Patrimonio Nacional adquirió por $ 6.000.000 la colección de negativos de Witcomb que, a partir de ese momento, pasó a formar parte del patrimonio del Archivo General de la Nación.

La cifra pagada, que superaba ampliamente la tasación que la misma galería estimaba para el lote, traducía a las claras el extraordinario valor histórico que se le otorgaba a la colección1 , formada por alrededor de 250.000 archivos fotográficos en placas de vidrio. Estos archivos son el registro de imágenes históricas más antiguo de la Argentina, una relevante muestra del arte fotográfico de la época y un testimonio de la vida argentina, y principalmente de Buenos Aires, tanto en sus paisajes como en sus personajes.

  1. Artundo, Patricia, “La Galería Witcomb. 1868-1971”, en Archivo Witcomb. 1896-1971. Memorias de una galería de Arte. Buenos Aires, Fondo Nacional de las Artes, Fundación Espigas, 2000.

Puente del Ferrocarril del Sur sobre el Riachuelo, de Christiano Junior.

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El origen de la colección Witcomb está en las imágenes tomadas por José Christiano Freitas Henriques (Christiano Junior) en su estudio de fotografía, que en 1878 vendió a Witcomb y Mackern. El investigador Luis Príamo considera que unas 600 placas de retratos de estudio y cerca de 50 vistas de Buenos Aires y tipos populares del archivo de Christiano Junior fueron incorporadas al Archivo Fotográfico Witcomb2.

  1. Ibídem, op. cit., pág.17.

Los artículos de Verónica Tell, “Christiano Junior y la colección Witcomb”, y de Abel Alexander, “El legado de Alexander S. Witcomb”, que se publican en este mismo sitio, proveen abundante información respecto del trabajo de Christiano y de la trayectoria comercial y profesional de Alexander S. Witcomb, respectivamente.

Tropa de carretas entrando en la ciudad. Datada en 1865 y atribuida a Benito Panunzi.

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Gauchos y su carreta. Foto de Francisco Ayerza (ca. 1890).

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La colección Witcomb perteneciente al AGN reúne material de diversos autores: se trata de fotografías de Christiano Junior y de Witcomb y sus respectivos empleados, como también imágenes de fotógrafos como Benito Panunzi y Francisco Ayerza. Y también de motivos: en algunos casos se trata de vistas, pero siendo el estudio tradicional de la sociedad porteña y de los presidentes de la Nación y habiendo funcionado como una primitiva agencia o banco de imágenes para publicaciones de la época (tal como señala en su texto Abel Alexander), la colección atesora una importante cantidad de retratos de cuidadosa factura. Luis Príamo destaca que la rara costumbre de la casa de no reutilizar sus placas dio como resultado un acervo que califica como casi único en el mundo3.

  1. Príamo, Luis, en “Retratos porteños”, Buenos Aires, diario Clarín, 5 de marzo de 2000, disponible aquí.

En este sitio se incluyen algo más de 700 imágenes pertenecientes a esta colección.

La casa Witcomb a través del tiempo

En 1892, José V. Freitas Henriques, hijo de Christiano Junior, y el pintor peruano Teófilo Castillo (ex empleado de Witcomb) abrieron en las inmediaciones de la galería Witcomb una sala de exposiciones de ampliaciones al bromuro, lo que llevó a que esta última firma abriera una nueva sala de exposiciones para sus retratos.

Galería de pose de la Galería Witcomb, del año 1884.

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Según la historiadora Patricia Artundo, “A fines de siglo A. S. Witcomb ofrecía además de álbumes y colecciones de láminas con vistas de edificios y diversos lugares de la ciudad, monumentos y paisajes de todo el país, tipos populares y escenas de costumbres, siguiendo la línea abierta por Christiano Junior. Contaba con un taller de carpintería para la realización de lujosos marcos y un departamento de pinturas, en el que los artistas no solo trabajaban en estrecha colaboración con los fotógrafos –según la extendida práctica de la época que asociaba fotografía y pintura en la realización de fotografías “iluminadas”– sino que también se ocupaba de la restauración de piezas antiguas”. Pronto, la nueva sala alternaría las exposiciones de fotografías con las de pinturas, en un momento en que la ciudad era un excelente mercado para el arte.

En 1914, 1915 y 1916 –los años de la Primera Guerra Mundial–, la casa Witcomb alterna sus ya tradicionales exhibiciones de pintura con sendas Exposiciones de Arte Fotográfico Retrospectivo y Moderno, donde se exhiben no solo piezas de su archivo histórico de negativos sino otras provenientes de archivos más pequeños, como los de sus antiguos competidores Freitas y Castillo, José Castillo y Chas Martín.

En 1960, la galería se desprende de su histórico archivo fotográfico, lo que se puede atribuir tanto al reconocimiento oficial a su valor (que, como se dijo, se traduce en el precio pagado), como también a las dificultades que este le presentaría de tener que trasladarlo, ya que la firma enfrentaba una posibilidad de mudanza.

El cierre de la Galería Witcomb (debido a problemas diversos) llegó en 1971. Su última exposición, sin embargo, fue El antiguo Buenos Aires 1852-1920 a través de la fotografía, en la que se presentaron 385 fotografías y 18 álbumes y libros ilustrados. Ciento tres años después de que Junior abriera su estudio porteño, el ciclo de Witcomb se cerraba con las imágenes que le habían dado reconocimiento y fama.

Texto y edición: Cristina Viturro.